Cómo hablar con tus hijos sobre el racismo

Habla sobre el tema.

Para algunas familias hablar sobre el racismo forma parte de su vida cotidiana, y para otras es un tema muy difícil de tratar. Pero para todos es un tema extremadamente importante y que no debe evitarse. Y las investigaciones respaldan esta afirmación. La Dra. Margaret Hagerman, socióloga y autora del libro White Kids: Growing Up with Privilege in a Racially Divided America, pasó dos años estudiando a 30 familias blancas de altos recursos en una comunidad del Medio Oeste y durante este período descubrió que “los niños aprenden y escuchan hablar sobre el racismo sin importar si los padres hablan con ellos sobre el tema”.

Pero ¿cómo? La Dra. Erin Winkler, profesora adjunta en la Universidad de Wisconsin-Milwaukee cuenta que los niños notan el color de la piel al igual que cualquier otra diferencia física (por ejemplo, usar lentes, llevar el cabello largo o la diferencia de altura). Al mismo tiempo,  “así como los niños aprenden a categorizar formas y colores,  también lo hacen con las personas”, explica Winkler.

Entonces, ¿qué es lo que ocurre? “No hablar sobre el racismo hace que los niños saquen conclusiones mucho más dañinas, problemáticas e inexactas”, dice Hagerman. Si les enseñamos a los niños que el racismo es algo del pasado y que hoy en día todos somos iguales y tenemos las mismas posibilidades de alcanzar el “Sueño Americano” los niños “podrían suponer erróneamente que los patrones raciales desiguales que ven son merecidos o están justificados”, dice Winkler. Al igual que con cualquier otro tema, los niños completan por sí mismos la información que les falta, y el origen de esa información podrían no ser las fuentes más confiables.

De todos modos, muchos padres no hablan sobre el racismo porque no quieren criar a sus hijos para que sean conscientes de las diferencias, creen que este enfoque permitiría que los niños se vean unos a otros como más “iguales”. Si bien las intenciones son buenas, la experta de Parent Toolkit y Directora de compromiso social para iCivics, Amber Coleman-Mortley, advierte a los padres sobre adoptar una perspectiva “sin prejuicios raciales” sobre el mundo. “En nuestro interior todos somos iguales. Todos queremos sentirnos seguros, aceptados y amados. Pero enseñarle a nuestros hijos a ignorar las diferencias raciales los encamina hacia el fracaso”, dice Coleman-Mortley. “Es más, ir por la vida simulando no ver las diferencias podría en realidad ser más dañino”.

Pero para ser claros, esta no es una discusión reservada exclusivamente a las familias blancas. Aunque querer asegurarnos de que criamos niños conscientes de las experiencias de otras personas es una faceta de este tema en general, los padres de niños de color también deben hablar con sus hijos. “Nos guste o no, debido a prácticas históricas y prejuicios actuales, en algunas comunidades y escuelas los niños de color tienen una experiencia totalmente diferente a la de los niños blancos”, explica Julie Lythcott-Haims, experta de Parent Toolkit y autora de los libros How to Raise an Adult y Real American, a memoir. “Los padres deben analizar la comunidad en la que están criando a sus hijos, hablar sobre las diferencias raciales y cómo, a veces, a las personas se las trata injustamente a causa de su raza. Deben preparar a sus hijos para ser conscientes de sí mismos, inteligentes y estar seguros en el mundo”.

Da el ejemplo.

¿Por dónde deberían comenzar los padres? Rosalind Wiseman, experta de Parent Toolkit y fundadora de Cultures of Dignity, dice que para poder tener una conversación reflexiva y productiva con los niños sobre el tema del racismo, los padres también deben sentirse cómodos con el tema para poder tratarlo.

¿Qué ocurre si sientes que este tema te intimida? Ponte como objetivo aprender más sobre él. “Consumir información sobre personas diferentes a ti requiere de un esfuerzo activo”, explica Lythcott-Haims. Y recomienda el documental  13TH o libros como Why Are All the Black Kids Sitting Together in the Cafeteria? And Other Conversations about Race como puntos de partida para esta tarea. “No se trata de si tal punto de vista está bien o está mal, se trata de reconocer que existen puntos de vista distintos a los tuyos y de hacer un esfuerzo por conocerlos”, dice Lythcott-Haims.

Si bien es importante estar informado, la mejor forma de vencer los estereotipos es forjar una relación sincera con una diversidad de personas. A veces, ya sea por elección o por obligación, no estamos expuestos a personas que sean diferentes a nosotros. Piensa por un momento: ¿todos tus amigos se ven iguales? Pregúntate por qué. “Si alientas a tus hijos a tener un grupo diverso de amigos, pero todos los que entran a tu casa se ven iguales, eso dejará una marca en tus hijos”, explica Winkler.

Lythcott-Haims aconseja a los padres que se permitan conocer las experiencias de otras personas. El solo escuchar la historia de una persona puede cambiar completamente la forma en que vemos el mundo. “Si formamos grupos más pequeños y admitimos que queremos contar cosas sobre nuestra vida y estamos dispuestos a escuchar a los demás, podremos ponernos menos etiquetas e identificarnos más como seres humanos”, dice Lythcott-Haims. Esto también es válido para los niños. “Los adultos pueden facilitar esto al hacer que sus hijos compartan sus historias unos con otros”, sugiere Lythcott-Haims. “Veremos cómo descubren que tienen cosas en común y comienzan a tenderse los puentes”.

“Según mis investigaciones, solo decimos una parte de lo que pensamos”, dice Winkler. “Los niños no se creen el ‘haz lo que yo digo pero no lo que yo hago’. Detectan nuestros patrones”. Si quieres criar niños con conciencia social debes tener siempre presente el dicho “una acción vale más que mil palabras”. Después de todo, y aunque las charlas y conversaciones con ellos son fundamentales, nuestros hijos aprenden más de los ejemplos que les damos.

Haz que sea posible sentirse identificado con el tema.

¿Cuántas veces has escuchado a tus hijos quejarse porque algo no era justo? “El concepto de equidad es muy importante para los niños, y es por esto que la injusticia es la forma perfecta para explicar y conceptualizar el racismo para los niños pequeños”, dice Winkler.

“Como los niños detectan patrones, podrían interpretar de manera errónea el por qué existe el racismo”, explica Winkler. Pero tampoco es fácil explicar a los niños el racismo estructural o institucional. Así que Winkler creó su propio método, al que llama la “actividad de la telaraña”.

En su artículo Here's How To Raise Race-Conscious Children, Winkler explica: “Entrega madejas de lana a los niños y pídeles que recorran  la habitación mientras desarman las madejas para formar una telaraña bien enredada. Cuando hayan terminado, pídeles que desenreden la telaraña. Muy pronto descubrirán que desenredar la telaraña es más difícil que crearla. Luego explícales que trabajar para lograr una sociedad más justa se parece mucho a tener que desenredar esa telaraña que crearon”.

Es difícil explicar el racismo a los niños, no importa quién seas. Algunos padres pueden estar preocupados porque presentar el concepto de racismo podría atemorizar a los niños, especialmente si los niños pueden llegar a ser víctimas de racismo o sus padres han sido víctimas. Pero en lugar de quedarse callados, es fundamental empoderar a los niños. “Los padres no pueden explicar a sus hijos qué es el racismo y después decirles: “Bien, ¡lo siento! pero así son las cosas”“, dice Winkler. En cambio, aconseja a los padres que expliquen que “aunque haya injusticias, siempre hay gente que trabaja por cambiar esto, y nosotros también podemos hacerlo”. De esta forma les demuestras a tus hijos que es posible “desenmarañar” el racismo y que ellos pueden ser parte de la solución.

Sé sincero al abordar un error.

Aunque intentemos evitarlos, los errores ocurren. “Si alguien dice algo ofensivo, es importante tener en cuenta que su experiencia probablemente no es la misma que la tuya”, dice Coleman-Mortley. ¿Pero qué deberían responder los niños cuando alguien los ha ofendido? Chang recomienda armar a los niños con estas dos palabras: “cuéntame más”. Una comunicación abierta y sincera comienza con estar dispuestos a hablar y comprender. “La mejor forma de cerrar una conversación es decirle a alguien que es un racista”, dice Chang. “Al responder ‘cuéntame más’ se le da a la otra persona la oportunidad de explicar su punto de vista”.

Lógicamente, hay ocasiones en que una comunicación abierta y sincera no es suficiente y es necesario decir o hacer más. Si tu hijo está molesto por algo que escuchó, Benites recomienda que le digas “no es tu responsabilidad educar a tus compañeros sobre el racismo, pero teniendo esto en cuenta, ¿qué quieres hacer al respecto?”. Debes enfocarte en descifrar lo que necesita el niño y tomarlo como punto de partida.

¿Qué debemos decirles a nuestros hijos cuando dicen algo incorrecto sin querer? Explícales a tus hijos que “la clave es escuchar antes de reaccionar. No te apresures a justificarte con un ‘no es lo quise decir’, antes de conocer por qué la otra persona está molesta”, dice Benites. “Debemos enseñarle a nuestros hijos que siempre deben escuchar lo que la gente dice y cómo se siente”.

Una vez que tu hijo entienda por qué se ofendió la otra persona podrá entonces ofrecer una disculpa sincera. “Lo mejor que puede decir es: ‘Lo siento mucho. No quise ofenderte. ¿Qué puedo hacer para estar seguro de que no cometeré ese error otra vez?’”, dice Lythcott-Haims. No se trata de ser perfectos, se trata de hacernos cargo de nuestros errores y  utilizarlos como una oportunidad para aprender y estar más atentos en el futuro.

Muchas veces es confuso saber qué se considera “ofensivo”. Y la verdad es que no siempre es claro. ¿Qué debemos tener presente? El contexto histórico. Alienta a tus hijos a estudiar el pasado para que puedan comprender mejor el presente. “Para poder apreciar las culturas también debemos respetar su marco histórico”, dice Coleman-Mortley. Hagerman hace eco de esta cita en su investigación: “los niños que conocían la historia eran los más conscientes”.

El racismo no siempre es explícito, como cuando se insulta o se hace un chiste ofensivo. De hecho, aunque no nos demos cuenta, incluso las personas que no se consideran racistas pueden tener creencias y discursos arraigados que estereotipan incorrectamente a un grupo de personas. “Todos tenemos prejuicios, pero podemos superarlos”, dice Lythcott-Haims. Y eso comienza cuando reconocemos ante nosotros mismos que tenemos esos pensamientos en lugar de ignorarlos.

“Al tomar conciencia de un prejuicio que comienza a manifestarse ya estamos iniciando el camino para desmantelarlo”, dice Lythcott-Haims. Pero no se termina allí. “Intenta decirte a ti mismo ‘Trataré a esta persona como si fuera mi mejor amigo’. Al engañar a la mente podrás ser generoso y tratar con dignidad a esa persona”, dice.

Cuando se trata de nuestros propios prejuicios, ¿deberíamos contarlos a nuestros hijos o eso sería darles un mal ejemplo? “Los padres deben ser abiertos y honestos con sus hijos sobre sus prejuicios. Esto no significa que seamos malas personas, simplemente somos personas”, dice Wiseman. “Si nos hacemos cargo, tenemos más poder sobre eso”. Pero, una vez más, no se trata únicamente de abordar los prejuicios. “También debemos decirle a nuestros hijos qué medidas estamos tomando para superarlos”, aclara Lythcott-Haims.

Sé un defensor.

No importa quién seas o de dónde vengas, es importante defender a todas las personas. “El centro de atención suele ser la llamada ‘América blanca’, pero deberían ser todas las culturas y cómo podemos vivir de manera que sea aceptable para todos”, dice  Coleman-Mortley. ¿Pero qué significa ser un defensor? “Al emplear este enfoque permites que la gente hable por sí misma”, explica Coleman-Mortley. Eso significa pasar el micrófono cuando es el turno de otro para compartir su experiencia. “Pero también les estás dando tu apoyo cuando necesitan ayuda”.

¿Cuándo es momento de hablar y cuándo es mejor escuchar? “Si tus hijos son más grandes y dicen algo racista a sabiendas, ahí es cuando debes ser bien concreto”, recomienda Wiseman. “Yo le digo a mis hijos ‘A veces hacemos bromas o mamá insulta, pero hay una gran diferencia entre insultar porque te golpeaste un dedo y decirle algo alguien a propósito para hacerlo sentir mal’“, dice Wiseman. Si no intervienes ni dices nada en el momento, tus hijos interpretarán que apruebas ese tipo de lenguaje y de comportamiento.

¿Pero qué ocurre si no es tu hijo la persona que dice algo inapropiado? “No puedes ser neutral cuando alguien es irrespetuoso o utiliza un lenguaje intolerante”, dice Wiseman. Si es un amigo o un familiar el que hace un comentario racista, puedes decirles directamente “No toleraré ese vocabulario en presencia de mis hijos”. Luego habla con tus hijos. “Esto permitirá a tus hijos hablar por ellos mismos de manera adecuada”.

Un aspecto importante de ser un defensor de esta causa no es simplemente decir que las personas son iguales, si no comportarse de manera tal que ese pensamiento se vea reflejado en tus acciones. “No alcanza con decir ‘no somos racistas’, eso no te exime”, dice Wiseman.  En lugar de eso, Lythcott-Haims recomienda a los padres comprometerse a ser antirracistas activos. ¿Pero qué significa realmente ser antirracista?

La autora Beverly Tatum explica en su libro Why are all the Black Kids Sitting Together in the Cafeteria? And Other Conversations About Race los conceptos de racismo y antirracismo haciendo una analogía con una cinta transportadora de pasajeros en un aeropuerto. Las personas que son racistas activos caminan rápido sobre la cinta, aprovechando a sabiendas y de buena gana su privilegio para avanzar a costa de los demás. Las personas que son racistas pasivos se quedan paradas sobre la cinta. Seguro, no ejercen la misma fuerza que los racistas activos, pero también están contentos de poder avanzar a costa de otros. Y luego están las personas que ven la desigualdad y deciden darse la vuelta pero, enfatiza Tatum, “a menos que caminen activamente en la dirección contraria a una velocidad mayor que la de la cinta transportadora, a menos que sean antirracistas activos, verán que son arrastrados junto con los demás”.

“El mundo es cada vez más diverso. Las personas nunca dejarán de contraer matrimonio, de comprometerse”, dice Coleman-Mortley. La única forma en que podremos hablar realmente sobre el racismo es adoptando un cambio de mentalidad para el crecimiento. Y añade que “es realmente importante que los padres inculquen a sus hijos que la humanidad debe ser la prioridad. Tenemos que aceptar que podemos ser vulnerables, que podemos estar equivocados y que está bien cuestionar las cosas que hemos aprendido”. Este es el camino para continuar avanzando: hablar con sinceridad sobre el racismo y hacernos cargo de nuestro pasado, en un esfuerzo para que en algún momento del futuro podamos derrotar al racismo.