Cómo ayudar a los jóvenes adultos a definir objetivos y a desarrollar el autocontrol

Aun si ya no comparten la misma vivienda, existen formas en que puedes ayudar a tu hijo a reforzar su autocontrol, incluso a la distancia.

Habla sobre los pasos a seguir para alcanzar los objetivos

Seguramente no le preguntas a tus hijos “¿cuáles son tus objetivos?” pero de alguna u otra forma esto se percibe. ¿Tu hijo ha manifestado qué carrera seguirá? ¿Sabe en qué área quiere trabajar? ¿Está pensando en una carrera universitaria porque le interesa un conseguir puesto laboral en especial?

Todas estas son formas de trabajar para alcanzar un objetivo. Si bien no puedes decidir por tus hijos cuáles serán sus objetivos, puedes ayudarlos a analizar los pasos que deben seguir para alcanzarlos.

Puedes plantear las siguientes preguntas: “Sé que te interesa conseguir un puesto en esa empresa, ¿qué crees que podrías hacer ahora para aumentar las posibilidades de que te contraten?”, “Dijiste que hay mucha competencia para entrar en ese programa, ¿las clases que estás tomando te preparan mejor para poder ingresar?”, “Sé que te interesa trabajar en [publicidad, los medios, medicina, etc.], ¿ofrecen pasantías que te permitirán ganar experiencia?”.

Los objetivos no tienen por qué estar relacionados exclusivamente con los estudios o la profesión. Tal vez tu hijo sea un apasionado de las causas sociales o del cuidado de la salud. En ese caso se aplican las mismas estrategias. Sé curioso, pregúntale cuál será su aporte para generar el cambio. 

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Destaca cómo se puede aprender de los contratiempos

El fracaso o los reveses pueden asustar a muchos adolescentes, especialmente a aquellos que han obtenido muchos logros durante la escuela secundaria. Pero los reveses forman parte de la vida y ofrecen una oportunidad única dependiendo de cómo lo encaremos.

¿Algún miembro de la familia perdió su trabajo? ¿Tuvo que esforzarse aún más para reinsertarse en el mercado laboral? Comparte esas historias que tal vez tu hijo desconozca porque era más chico, o porque tú pensabas que era demasiado joven para poder comprenderlo. Saber que otros amigos y familiares “han hecho limonada con los limones que les dio la vida”, que han podido seguir adelante a pesar de las adversidades puede ser muy inspirador para tu hijo y lo ayudará a poner en perspectiva la situación que está atravesando actualmente. A Maurice Elias, Director del laboratorio de aprendizaje socio-emocional de la Universidad Rutgers, le gusta enfatizar que incluso aquellas personas que consideramos extremadamente exitosas han debido enfrentar adversidades. Por ejemplo, las carreras de Steve Jobs, Oprah Winfrey, Michael Jordan, Walt Disney, Albert Einstein y Maya Angelou no comenzaron para nada bien.

También debes recordarle a tu hijo que cuenta con su propia resiliencia. ¿Superó algún problema de aprendizaje para ser un mejor estudiante? ¿Volvió a practicar deportes después de trabajar arduamente para recuperarse de una lesión? ¿Obtuvo una mejor nota después de haber estudiado más o haber pedido ayuda con sus tareas? Compartir historias de fracasos, y saber cómo se revirtió la situación, le permitirá a tu hijo ver al fracaso como una oportunidad para crecer, en vez de un callejón sin salida. 

Sé su Guía

Aunque un joven adulto sea justamente eso, un adulto, no dejará de ser tu hijo. Aun cuando su relación haya cambiado, esto no significa que no debes apoyarlo ni perder tu influencia en su vida.

La consultora en educación Jennifer Mills recomienda a los padres que implementen el enfoque del coaching, ayudando a sus hijos a encontrar las soluciones por sí mismos en lugar de intervenir directamente.

Tom Hoerr, Director emérito de la New City School en St. Louis, Missouri, cuenta que el usar la palabra “coach” puede ser muy útil, especialmente a esta edad cuando están tratando de comprender esta nueva relación entre ustedes. ¿Todavía es un niño? ¿Es tu amigo? ¿Ambos? Es posible que tu hijo ya haya trabajado con un entrenador, de manera que es una relación que conoce.

“Hablen sobre el coaching, explícale que el trabajo del entrenador es ayudarlo a dar lo mejor de sí, y que esto implica identificar y aplaudir los éxitos pero también observar y corregir los errores”, añade Hoerr. “Seguramente han visto trabajar a un entrenador, de modo que conocen la relación y la comunicación. Saber esto puede ayudarlos a comprender las acciones de sus padres”.

Gran parte de ser un entrenador es alentar a tu propio equipo. Si bien no siempre estás al tanto de su arduo trabajo, preguntarle a tu hijo sobre él y luego felicitarlo por el esfuerzo, es una excelente forma de continuar apoyándolo. Dile que estás orgulloso de él, por haber superado un obstáculo, por haber conseguido la pasantía o el trabajo que quería, o por haber elegido otro camino que tal vez no fuera el más popular pero fue la elección correcta. No importa su edad, a los “niños” siempre les gusta oír que sus padres están orgullosos de ellos. ¡Aunque no lo admitan!