Desarrollo de la identidad en el adulto joven: una guía para padres

Entre los 18 y los 25 años, tus hijos encontrarán más oportunidades para desarrollar un sentido firme de identidad.

Cómo ayudo a mi hijo a encontrar un propósito

Tu hijo empieza a recorrer un camino para encontrar un propósito en la vida, y quizá se sienta completamente perdido y desconcertado sobre qué hacer.

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¿Por qué ahora?

Para la mayoría de los jóvenes, entre los 5 y 18 años han seguido un camino que fue dispuesto para ellos. Pasan de la escuela primaria a la intermedia y luego a la secundaria.

Pero después de la escuela secundaria, puede haber muchos caminos diferentes, y para muchos jóvenes de 18, esta es la primera vez que emprenden un rumbo por sí solos. Esto puede llevar a que se pregunten quiénes son, dónde están parados en el mundo y cuál es su objetivo.

Jennifer Tanner, psicóloga especializada en el desarrollo humano y cofundadora de la Society for the Study of Emerging Adulthood, suele usar la analogía del espejo para explicar este período. Durante la niñez, el sentido de identidad se forma en gran parte por los familiares y pares que te rodean; son los espejos que reflejan cómo te ves a ti mismo. Pero a medida que vas dejando el hogar de la niñez y entras en el mundo laboral, en la universidad o en la fuerza militar, los espejos cambian. El adulto joven que hay en ti puede llegar a formar una visión completamente nueva de sí mismo porque está experimentando una vida completamente nueva.

Cuando tu hijo regresa a casa en las vacaciones de invierno de la universidad, o toma sus primeras vacaciones del trabajo para visitarte, podrás llegar a sentir que no lo conoces. Con el transcurso de los años, podrás notar más cambios. Como padre, puede ser un cambio apasionante y difícil de observar. Se trata de una parte normal y saludable del desarrollo, aun si sientes que la persona que criaste es diferente de tu hijo cuando tenía 17. Probablemente, sea diferente. Pero eso no significa que perdiste tu rol o que ya no ocupas un lugar en su vida.

 

Sí, todavía te necesitan

No importa la edad que tengan, siempre serás su padre/madre, y siempre será tu hijo. A pesar de su libertad y del desarrollo de su identidad, ese adulto joven aún te necesita.

El rol que tendrás en esta etapa es el del apoyo, preocupándote por su flamante independencia y autonomía. Están tratando de descubrir su profesión, viviendo relaciones nuevas y cambiantes, y analizando cuál es su lugar en el mundo. La consejera estudiantil Jennifer Miller sostiene que esta edad está repleta de pruebas que los adultos jóvenes suelen usar para comprender si “están a la altura”. Estas pruebas pueden ser una entrevista laboral, la admisión a una fraternidad, citas o nuevas amistades. Todas esas pruebas pueden ser realmente abrumadoras, pero son de gran importancia para que estos jóvenes experimenten sus propios límites y reglas. Hasta este momento, se regían por las reglas de la escuela y del hogar, pero a medida que emerge su nueva vida como adultos, tienen que redefinir sus propias reglas.

Puedes ayudarlos durante esta etapa de desarrollo apoyándolos y dándoles seguridad. Tanner explica que es lo mismo que cuando estaban aprendiendo a caminar, daban uno o dos pasos y volvían para sujetarse de tu rodilla. La próxima vez, daban tres o cuatro pasos. Y antes de que te dieras cuenta, ya estaban corriendo por toda la habitación. Tú eres la clave de su seguridad.

“Cuanto más les permitas ir y volver, ir y volver, más progreso estarán haciendo porque van a sentirse seguros”, detalla Tanner. 

Intenta encontrar el equilibrio

Esta etapa del autodesarrollo es importante para ellos, y probablemente en ocasiones se sientan estresados y abrumados. Si sigues teniendo una relación sólida con tu hijo, seguramente vas a recibir una llamada telefónica o un mensaje de texto cuando se sientan mal.

Tu primer instinto será ayudarlos, eso es normal. Como padres, queremos proteger y apoyar a nuestros hijos. Pero parte de desarrollar su vida de adulto es construir la confianza en sí mismo y desplegar ciertas habilidades.

“¿Te acuerdas de cuando eran bebés y vomitaban encima de ti? Tenías que limpiar todo”, comenta Licinia Barrueco Kaliher, directora de First-Year Houses en University of Pennsylvania. Se refiere a este tiempo como el “efecto vómito”; muchos padres se verán tentados a salir a limpiar todo. Ella les recuerda a los padres que gran parte del tiempo su hijo estará bien, y que podrá llamarlos en un momento de malestar pasajero. “Déjalo que lo resuelva. Oriéntalo y luego apóyalo. Permite que se equivoque”, agrega.

En lugar de salir a limpiar todo, Miller recomienda que los ayudes recordándoles su poder de resiliencia. ¿Hubo un momento en la escuela intermedia  donde enfrentaron situaciones de acoso escolar? Y esa vez que desaprobaron un examen, pero estudiaron más para el próximo y mejoraron. Señalar estos ejemplos de resiliencia del pasado ayudará a que tu hijo se dé cuenta de que tiene la capacidad suficiente, ya ha superado obstáculos en el pasado, y puede salir adelante.

Si no logra alcanzar ese equilibrio, puede tener un efecto negativo en el desarrollo de su identidad y en su autosuficiencia, o en la creencia de que puede ocuparse de sus cosas por sí solo. Julie Lythcott-Haims, exdecana de Stanford University y escritora, afirma que cuando los padres ayudan demasiado a sus hijos (como corregir proyectos de la universidad o laborales), o realizan tareas que su hijo debería poder hacer por sí solo (como inscribirse en una clase o negociar con el dueño de un departamento), están impidiendo que desarrollen su propia identidad.

“Cuando ayudamos por demás como en esos casos, el resultado final es mayormente el de nuestro accionar, no el de ellos”, explica Lythcott-Haims. “Su psiquis sabe que sus padres lo hicieron por ellos. Esto tiene consecuencias psicológicas, es por eso que se observan cada vez más casos de adultos jóvenes con depresión y ansiedad”.

Lythcott-Haims considera que el rol adecuado consiste en ayudarlos a analizar las opciones que tienen para lidiar con una situación que les resulta difícil. Por ejemplo, cuando tu hijo te llama para contarte un problema de rutina (como la pérdida de una fecha de entrega, una bicicleta robada o una discusión con un amigo), lo mejor que podemos hacer es enfatizar y reiterar que los amamos, y decirles: “ok, cariño, ¿cómo piensas solucionarlo?”. Con esta respuesta estás destacando lo siguiente a) no es un problema que tengas que resolver tú; y b) crees que son capaces de resolverlo por sí solos. Sí, puedes y debes ayudarlos a evaluar cómo superar ese obstáculo, pero resiste la tentación de solucionarlo por ellos. Si sigues ocupándote de sus problemas, lo estarás ayudando a corto plazo, pero con el tiempo verás que no cuentan con la capacidad ni la confianza que hubieran desarrollado si los hubieras dejado arreglarse por sí solos. 

Te siguen observando

También puedes ayudar a sostener el desarrollo de su identidad del mismo modo que lo ayudaste a incorporar vegetales en sus comidas o a ser una buena persona: dando el ejemplo.

Muchos padres están alcanzando la mediana edad cuando sus hijos tienen entre 18 y 25 años, lo que significa que tú también estarás atravesando una época de cambios. La forma en la que estableces objetivos y planificas para la siguiente fase de tu vida marca un ejemplo importante para tu hijo. Quizá estás buscando comer más sano, probar un hobby nuevo, ofrecerte como voluntario, o cambiar de carrera. Háblale de tus objetivos y de cómo piensas alcanzarlos. Cuéntale qué es lo que disfrutas o qué te pone nervioso. Comparte tus fortalezas y aquello en lo que puedes mejorar. Al hacerlo, abres una puerta para que ellos también compartan sus sentimientos contigo. Descubrir esos sentimientos puede ayudar a que tu hijo comprenda sus motivaciones y hasta lo ayude a aliviar parte de la angustia que lo puede invadir en este momento de exploración. También les muestra que el desarrollo de su identidad es un trabajo de toda la vida y que está bien si no tienen todas las respuestas ahora. 

No todos los que deambulan están perdidos

Con los cambios que se produjeron en la economía de Estados Unidos en las últimas décadas, los caminos laborales no son tan claros como solían serlo.

Los cambios en la tecnología han reemplazado parte de la demanda de mano de obra humana, y muchas compañías están buscando empleados que puedan trabajar en equipo, tengan una gran capacidad de comunicación y posean habilidades para resolver problemas.

Tanner y sus colegas sostienen que la economía generó la necesidad de reconocer una etapa de la vida a la que llaman “adultez emergente”. Es ese momento en la vida de los jóvenes de 18-25 años donde exploran sus opciones, desarrollan su identidad y adquieren experiencia. Tanner cree que esta fase de la vida siempre estuvo disponible a lo largo de la historia para las clases más altas, pero ahora que Estados Unidos es un país más rico, observamos a más adultos emergentes que dedican esta etapa de sus vidas a explorar en lugar de establecerse, o a explorar antes de asumir las responsabilidades que implica ser un adulto. Pero esto no significa que la búsqueda de la identidad y la exploración solo son para aquellos que cuentan con medios financieros.

“Algunos jóvenes comienzan a trabajar a los 15 años y nunca se detienen. Eso no les impide llevar a cabo un trabajo importante en el desarrollo de su identidad”, explica Tanner. “Si estás haciendo un buen trabajo de desarrollo, querrás saber quién eres y cómo adquirirás recursos sociales. Existen otros parámetros de éxito, además de los logros, la clase social y los ingresos”.

Lythcott-Haims agrega: “los estudiantes que solían ser más resolutivos en mi campus eran de clase pobre o trabajadora. En lugar de estar acostumbrados a ser rescatados por sus padres, tenían una gran confianza en sí mismos, y podían establecer un curso de acción cuando surgía un problema. Tenían resiliencia. La vida los había endurecido un poco, quizá mucho, y en sus años de adultos jóvenes eran más capaces de manejar situaciones que sus pares más adinerados que recurrían a sus padres”.

Si tu hijo aún está eligiendo una carrera, o está cambiando de trabajo con más frecuencia de lo que hiciste tú a su edad, la neuróloga Judy Willis aconseja que te relajes.

“Los padres deben saber que hicieron lo mejor que pudieron. No había un manual para lo que ocurrió con la tecnología”, comenta Willis. “Los padres necesitan fortalecer su resiliencia. Hoy en día, lleva más tiempo desarrollarse, requiere más experiencia y apoyo de los padres”.

Tanner coincide. Insiste en que los padres necesitan comprender que este momento de la vida se trata de desarrollar el reconocimiento de su lugar en el mundo. Y solo porque un joven cambie de trabajo seguido, tenga o no citas, o parezca no estar establecido, no significa que no esté haciendo nada.

“Entiende que están haciendo algo positivo”, agrega. “Invertir en su identidad y descubrir quiénes son los ayudará a tomar buenas decisiones en el futuro”.