Tu hijo irá a la universidad en el otoño... Cómo aprovechar al máximo los próximos tres meses

El tiempo entre la graduación de la escuela secundaria y el abandono del nido suele ser valioso, emocional y totalmente atemorizador tanto para los hijos.

Reconocer sus sentimientos: entusiasmo y miedo

“Estoy muy entusiasmada por la libertad que tendré cuando me gradúe de la escuela secundaria. La libertad que busco no tiene que ver con escapar de mi familia ni nada por el estilo, sino la libertad de ir a una universidad y ser yo misma sin cargar las restricciones de mi escuela secundaria sobre los hombros. He soñado con esta libertad durante años, y finalmente puedo visualizar un final en el que podré ver el mundo y tener la experiencia de vivir una cultura que sea diferente a la de mi zona rural de EE. UU.” –Lexie, Promoción de 2017, Summersville, WV

En el verano anterior a ir a la universidad, los sentimientos pueden variar de entusiasmo a tristeza, y de miedo a nostalgia a medida que tu hijo adolescente se prepara para dejarte e irse de casa. Como señala Marjorie Savage, especialista en educación en Ciencias Sociales de la Familia en la Universidad de Minnesota, en su libro You’re On Your Own (But I’m Here If You Need Me): “Tu hijo está a mitad de camino entre la niñez y la adultez, y cada paso hacia adelante se da suponiendo que las cosas aún son sólidas en el hogar y con el miedo de que no lo sean”.     

Tu hijo adolescente probablemente esté entusiasmado por comenzar esta nueva etapa de su vida. Es importante reconocer que este momento no es solo trascendental para tu familia, sino importantísimo para tu hijo a medida que comienza a dar forma a su vida adulta y a su identidad. Si concentras toda la atención en tu tristeza porque se irá de casa, o en el desafío del mundo académico universitario, te perderás la oportunidad de reconocer los verdaderos sentimientos de alegría de tu hijo. Y puedes perderte la oportunidad de ver cómo tu hijo comienza a convertirse en un adulto joven. Reconoce su entusiasmo, y entusiásmate con él. Este será un tiempo sumamente valioso para pasar juntos mientras esperan el futuro.

Más allá del entusiasmo se encuentra el miedo, que tu hijo sin dudas está sintiendo en algún grado a medida que se prepara para partir a la universidad. Tiene miedo a lo desconocido, un mundo completamente nuevo en el que está por ingresar. Es importante reconocer que todos los familiares sentirán algo y no huir de los problemas reales que puedan surgir. Savage explica que lo más probable es que los adultos jóvenes estén asustados, pero que por lo general no expresan estas preocupaciones sobre los cambios que se avecinan. En lugar de ello, puedes esperar cierto enojo o una actitud distante mientras tu hijo procesa sus sentimientos encontrados. La Dra. Shari Sevier, consejera estudiantil y mamá, recuerda cómo su hijo ejercitaba el músculo del “Soy independiente” el verano anterior a que se fuera a la universidad. Dice que luego se dio cuenta de que esa era su manera de ocultar su ansiedad y miedo por el futuro. La consultora en educación Jennifer Miller dice que pueden surgir muchos conflictos entre padres e hijos en esta etapa que evidencian la ansiedad por la separación. “Anticipar el dolor de esa transición y enfrentarse a ese medio puede llevar a los adolescentes a alejar a sus padres tanto física (no pasando tiempo con ellos) como emocionalmente (generando más conflictos y desacuerdos)”, señala Miller. Reafírmale a tu hijo que siempre podrá contar contigo, incluso si parece no querer escucharlo. Miller sugiere planear una fecha específica para su primera visita a casa; de ese modo, tu hijo se dará cuenta de que no se está yendo para siempre.

La otra cara de la moneda es que, cuando crees que estás mostrando entusiasmo y emoción por el hecho de que tu hijo partirá a la universidad, él podría comenzar a sentir que todos están “demasiado contentos de que me vaya”, dice Savage. Sé cauteloso, pues probablemente surjan muchas emociones durante este verano. Utiliza este tiempo para decirle a tu hijo cuánto lo amas, cuán orgulloso estás de él, y cuán confiado en que saldrá adelante en el mundo.

Mantener conversaciones: desde consejos prácticos hasta sabios

“Considero que estoy listo para mi vida después de la escuela secundaria, en cuanto a madurez se refiere. Estoy seguro de que podré vivir solo, porque soy mucho más capaz de cuidarme solo de lo que era mi hermano y, aparentemente, le ha ido bien en la universidad. El único problema serían mis habilidades como chef, que en esencia se limitan a preparar sándwich de queso tostado, cereales y una ensalada. No sé hacer nada más aparte de eso; por lo tanto, ese podría ser un pequeño problema. Mis padres piensan que no estoy listo para graduarme porque creen que dependo demasiado de la ayuda de mi mamá. Están preocupados de que no pueda encontrar el equilibro entre vivir solo y mis tareas de la universidad. Para ser franco, mi mamá me cocina, lava mi ropa y limpia mis cosas, entonces dependo mucho de ella. Creo que si me mudo podría hacerlo todo solo, si me dan la oportunidad”. –Jasman, Promoción de 2018, Hightstown, NJ

A medida que tú y tu hijo se preparan para el gran cambio, habrá cientos de preguntas rondando en tu cabeza: ¿Le expliqué por qué siempre debe hacer contacto visual cuando le habla a alguien? ¿Podrá tomarse el autobús para ir a clases? ¿Sabe plancharse la camisa? ¿Le conté alguna vez esa anécdota sobre encontrar "al indicado"? Si bien puede parecer que tienes que darle hasta el último consejo que se te ocurra antes de se vaya de casa, esto puede ser abrumador para tu hijo (¡y para ti!). En cambio, concéntrate en lo que puedes hacer y comienza con estas conversaciones temprano. Tanto tú como tu hijo estarán agradecidos de no haber esperado hasta la última semana para llenar su cabeza con todos tus conocimientos.

Busca cualquier momento en que tu hijo hable sobre una situación social actual o te cuente una historia como una oportunidad para conversar. Por ejemplo, tu hijo puede decir: “Jeff hizo una fiesta sin el permiso de sus padres…” o “No puedo esperar a vivir solo y no tener a nadie que me vigile…”. Miller sugiere utilizar momentos como estos para resaltar la relación causa-efecto. “Recuerda que el cerebro  biológico de tu hijo adolescente no se forma por completo hasta los veinte o veinticinco años”, señala Miller. Estas conversaciones pueden ayudarlo a pensar bien sus acciones antes de tomar decisiones arriesgadas.

Tal vez sobre otros temas sea bueno hablar de manera más formal. Para temas como finanzas y otras habilidades o conceptos específicos que daba conocer, Savage sugiere fijar momentos para estas conversaciones en lugar de darle un sermón a tu hijo. Por ejemplo, puedes decir: “Cuando prepare mis impuestos el próximo año, habrá cierta información importante que necesitaré que me des sobre tus gastos universitarios. ¿Podemos tomarnos una hora el sábado para hablar mejor sobre esto?”. Esto te permite hacerte tiempo para estas conversaciones importantes sin sentir que estás fastidiando a tu hijo.

Y, por supuesto, hay habilidades prácticas de la vida que tu hijo debe aprender antes de vivir solo. Miller sugiere que podrías enseñar estas habilidades como un juego familiar. Por ejemplo, preparar la cena juntos todos los domingos a la noche o aprender lo básico del lavado de ropa a través de un juego de  “baloncesto con la ropa sucia” mientras separan prendas oscuras y claras. 

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Cuando no puedes disfrutar de todo

“Lo que más me emociona y me asusta es lo mismo… lo desconocido. ¿Qué ocurre después de la escuela secundaria? Cuando ingrese en el "mundo real", habrá una cantidad insuperable de cosas desconocidas. No solo me aterra no saber los tipos de obstáculos y dificultades que enfrentaré, también me emociona la oportunidad que esto puede significar y todos los lugares a los que puedo ir, las cosas que puedo aprender, y las personas que puedo conocer”. –Shreyas, Promoción de 2018, Claymont, DE

Ten cuidado de no quedar demasiado atrapado en lo que Savage denomina  “síndrome de la última vez”, en el que una cena, una noche viendo TV juntos o una salida de compras se convierten en la última vez en que harán algo de esto juntos. Si bien puede pasar que por dentro estés gritando “¡No estoy listo para esto!”, intenta que estos sentimientos no te priven de los momentos con tu familia y tu hijo.

Disfruta el tiempo de calidad desde el comienzo del verano. Si es posible, planea un viaje familiar o algunas salidas especiales. Estos son recuerdos que acompañarán a tu hijo a la universidad y durante toda su vida. Espera que quiera pasar mucho tiempo con sus amigos, que probablemente también partirán a la universidad pronto. Puedes sentirte herido si tu hijo está ocupado cada noche durante esta época, pero tu hijo está aferrándose a amistades de la infancia y compartiendo con sus pares inquietudes y vivencias sobre esta nueva etapa. Dejar a los amigos y las relaciones es difícil para todos, en especial en una época tan vulnerable y de tantos cambios de la vida. Reconoce que tu hijo no está intentando herirte, sino que solo espera siempre poder contar contigo.

También podrías ver esta época como un comienzo para volver a invertir en ti. Miller sugiere pensar en una pasión a la que dedicarte o en un amigo con quien pasar tiempo durante el verano para complementar todo el tiempo y la preparación que concentras en tu hijo. “Si un padre se concentra exclusivamente en su hijo, esto puede contribuir a generar conflicto y tensión”, dice Miller. “Los padres deben asegurarse de atender sus propias necesidades”.

Si la transición te resulta difícil, o incluso si no es así, tener presentes algunas cosas sobre dejarlo ir puede hacer que el proceso sea un poco menos abrumador. Es posible que en ocasiones sientas que tienes mucho para decirle antes de que se vaya de casa. ¡Es tu bebé después de todo! Pero le has dado a tu hijo toda una vida de conocimientos, le has impartido una enorme sabiduría y has hecho mucho más de lo que te das cuenta para prepararlo para este preciso momento. Relájate, respira profundo y disfruta de esta etapa.

Cómo Dejarlos Ir

Si esta transición te resulta difícil, o aunque no sea el caso, tener presentes algunas cuestiones puede hacer que el proceso sea menos abrumador.

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