Mi hijo está estresado. ¿Qué hago?

Si bien es posible que no puedas aliviar todo su estrés, hay algunas maneras en que puedes ayudarlo sin sobrepasar tus límites.

Mantente atento a las señales de estrés

En primer lugar, tu hijo deberá identificar su propio estrés y qué lo está provocando.

Janine Halloran, asesora en salud mental, dice que tu hijo tiene que poder reconocerlo en sí mismo a fin de hacer algo productivo al respecto. “Si se siente como un ciervo encandilado por las luces, como si no pudiera tomar una decisión y se siente paralizado por lo que sucede a su alrededor, entonces es demasiado”, señala Halloran. Hay muchas maneras diferentes en que se manifestarán estas señales, y todos somos diferentes.

El cuerpo dará señales; el estrés realmente puede pasarle factura al cuerpo. Los adultos jóvenes deben conocer los signos de estrés, muchos de los cuales se manifiestan físicamente. Sensaciones frecuentes de ansiedad o depresión, tener problemas para dormir o no poder dormir lo suficiente, perder el apetito o darse atracones, tensión en los hombros y el cuello, y dolores persistentes de cabeza y de estómago son signos de estrés. Algunos adultos jóvenes pueden ignorar estos signos de estrés en lugar de enfrentarlos; sin embargo, este es el momento más importante para que presten atención a su cuerpo y a su mente y respondan a sus necesidades. Cuando surge el estrés, puede ser fácil utilizar estrategias negativas para sobrellevarlo, como comer en exceso o demasiado poco, mantenerse despierto hasta muy tarde, no dormir lo suficiente, emborracharse, o consumir otras drogas. Cuando se presentan estos síntomas, es posible que sea una señal de que es momento de buscar recursos o apoyo.

Si bien tal vez tengas dudas sobre cómo actuar con tu hijo en momentos de estrés, ofrecerle un sólido apoyo en ocasiones puede ser muy reconfortante. Los padres conocen a sus hijos mejor que nadie. “Los padres notarán algo de lo que los demás podrían no darse cuenta”, dice Halloran. Si tu hijo parece realmente estresado, pregúntale si puedes ayudarlo en algo y si desea hablar. Halloran sugiere hablar de tus propios métodos para sobrellevar el estrés cuando estás en esta situación. “Incluso podrías decir: ‘Noté que cuando estabas en la escuela secundaria y te estresabas por esto, esto realmente te ayudaba’”, dice Halloran.

La consultora en educación Jennifer Miller sugiere intentar identificar los desafíos que tu hijo repite una y otra vez. “Pregúntale si repasa constantemente sus preocupaciones en su cabeza (como un hámster en una rueda). Si es así, ayúdalo a reformular su perspectiva. ‘¿Qué puedes aprender de esta situación? ¿Qué otras perspectivas podrías adoptar para ver esto de manera diferente? ¿Cuál es el aspecto positivo de esta situación?’” Hay maneras sencillas que te permiten apoyarlo sin hacerte cargo de la situación. Comparte estas ideas; un poco de ayuda extra en tiempos de estrés no hace daño.

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Recuerda: no todo el estrés es malo

A veces, el estrés puede ser motivador.

“Un poco de estrés no es algo malo”, dice Halloran. “Te puede ayudar a mantenerte más alerta, a estudiar más, a aprender cosas nuevas. Pero hay un delicado equilibrio”. El estrés puede ayudar a aportar un sentido de urgencia para cumplir con plazos importantes en el trabajo, cuando te preparas para una entrevista, o cuando estudias para un examen importante. Como se mencionó anteriormente, el estrés se manifiesta físicamente. Según el Instituto Nacional de Salud Mental (National Institute of Mental Health, NIMH), el estrés puede causar funciones de supervivencia en el cuerpo, como aceleración del pulso, respiración más rápida, tensión en los músculos, y utilización de mayor cantidad de oxígeno y mayor actividad por parte del cerebro. En algunas situaciones estas funciones pueden salvar la vida.

Todos tenemos estrés; ¡los padres lo saben muy bien! Años de criar a tus hijos y preocuparte por ellos te han familiarizado demasiado con el estrés como parte normal de la vida. Si tu hijo está estresado, no te preocupes demasiado. Manejar el estrés es la clave, y saber cuándo buscar ayuda si es necesario. Halloran señala que es diferente para todos, y que algunas personas realmente sacan lo mejor de sí cuando están bajo mucho estrés, mientras que otras se sienten demasiado abrumadas. “Si no las ayuda, no es sano”, dice Halloran. “Si les resulta un apoyo, está bien, puede ser algo positivo”.

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Ayúdalo a buscar recursos

El estrés se acumula con el tiempo; por lo tanto, adoptar un enfoque preventivo es una buena manera de ocuparse de él antes de que se salga de control.

Puedes acompañar a tu hijo de manera proactiva ayudándolo a buscar recursos para momentos de mucho estrés. “Cuando estás en un estado de agobio y totalmente estresado, puede ser difícil identificar lugares a los cuales recurrir por ayuda”, dice la autora y experta en paternidad Ana Homayoun. “Si puede identificarlos proactivamente con antelación, tendrá una ‘caja de herramientas emocional’ a la cual recurrir cuando se estrese”.

Brian Harke, decano de estudiantes en la Universidad del Sur de California, dice que un problema importante de los estudiantes universitarios es el temor a pedir ayuda. En los colleges y las universidades, hay muchos recursos en el campus, como consejeros escolares y centros de salud para buscar recursos. Si tu hijo no está en un campus, hay otros recursos como crisis text line que debe conocer.

Cuando tu hijo está estresado, puedes acompañarlo para que recurra a ti en busca de amor, apoyo emocional y consejo. El NIMH sugiere mantenerse conectado con la familia y los amigos para obtener apoyo emocional durante momentos de estrés. Asegúrate de que sepa que tiene personas y lugares a los que recurrir. “Cuando los hijos se van de la casa, a los padres les preocupa mucho que encuentren los recursos correctos”, señala Homayoun. “Ayuda a tu hijo a identificar las personas y los lugares a los que puede recurrir en momentos en que necesite apoyo”. Homayoun sugiere buscar “apoyos e iluminadores” para adelantarse a estos momentos de estrés. “Los apoyos son personas a quienes recurrir en momentos de necesidad, como pares o amigos”, dice Homayoun. “Los iluminadores son adultos de confianza, como padres, tíos o un mentor”. Los apoyos pueden ofrecer a alguien para relacionarse y apoyo emocional, mientras que los iluminadores pueden brindar, además, cierta perspectiva y experiencia”.

Habla en detalle sobre una amplia variedad de situaciones con tu hijo, tanto de temas personales como profesionales. También puedes destacar experiencias que hayas tenido y que no hayan resultado según tus planes o expectativas, pero que aun así funcionaron. Puede ser difícil para los jóvenes tener perspectiva en situaciones difíciles, dado que no han vivido tantos años como tú para comprender que las cosas mejoran.

 

Esta guía no tiene por objeto reemplazar la asistencia o el consejo médico profesional. Si tienes preguntas o inquietudes sobre tu salud o la de tu hijo, comunícate con tu profesional de la salud.

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